domingo, 30 de agosto de 2015

LOS ORÍGENES DEL PENSAMIENTO CATASTRÓFICO

¿Por qué nos resulta tan fácil ser negativos y pesimistas?

Las patologías relacionadas con la ansiedad y la depresión cursan casi siempre con un importante grado de pensamiento catastrófico. En otras palabras, los pacientes suelen pensar, imaginar y creer en los peores desenlaces a sus problemas y dudas, fantaseando muchas veces con escenarios trágicos de sucesos que casi nunca suceden ni a ellos, ni a la mayoría de las personas.

Comencemos con algunos ejemplos que plasman bien esta característica.

Una persona con trastorno de pánico suele pensar que sus latidos cardíacos fuertes conducirán a un infarto o que sus dolores de cabeza son el inicio de un accidente cerebro vascular.

Un hombre con trastorno de ansiedad generalizada habla por teléfono con su esposa quien le cuenta que está por tomar un colectivo junto con los hijos; el hombre piensa que alguno de los niños puede caer debajo de las ruedas del colectivo y morir.

Una persona con depresión cree que su familia no lo quiere, imagina que en algunos años terminará abandonado, solo y morirá enfermo en algún asilo público para personas indigentes.

Los anteriores son sólo algunos ejemplos que representan al caso típico de catastrofismo, no sólo por el escenario trágico que el paciente tiene en su consciencia sino muy importante, porque el hecho temido nunca le ha sucedido y porque las probabilidades de que le suceda son ínfimas. No obstante, la persona no puede dejar de pensarlo, con el consiguiente sufrimiento que ello provoca.

"REACCIONAR CON MIEDO IMPLICA UN APRENDIZAJE"
Digamos sencillamente que una persona piensa, cree y teme infinidad de veces un hecho negativo que no pasa; es decir, infinidad de veces se equivoca, pero por algún motivo no acierta a incorporar la evidencia simple de que lo que teme no ocurre y por ende, continúa con los pensamientos trágicos en su cabeza.

Es como si nos levantáramos todos los días pensando y creyendo que al mirar por la ventana, veremos un hermoso paisaje de mar y montañas, pero en lugar de ello, nos encontramos con un sombrío pulmón de edificio. Y a pesar de que hoy y todas las mañanas anteriores he visto el mismo pulmón de edificio, no importa, me despierto mañana con la creencia de que aparecerá ante mí el paisaje hermoso…¿absurdo, vedad?

Pues bien, así de absurdo debería sonarnos el hecho de que todos los días experimentemos miedo a acontecimientos negativos que nunca han tenido lugar. Pero claro, es más simple notar el desatino con un hecho positivo que con uno negativo, algo que se relaciona con la naturaleza y origen del pensamiento catastrófico.

En primera instancia, millones de años de evolución han dejado en el cerebro humano marcas indelebles, entre las cuales se destaca una facilidad incrementada para reaccionar con miedo ante la ambigüedad y la incertidumbre. Pensemos en un organismo que viviendo en un ambiente primitivo, en un entorno natural como un bosque o selva, escuchas un sonido atípico entre los árboles.

El reaccionar con una respuesta defensiva como el miedo facilitaría su supervivencia ante la posible presencia de un predador; opuestamente, una reacción “optimista” tal como continuar adelante sin alertarse podría llevarlo a la muerte. Vale decir, en el ambiente arcaico que ha estado presente durante los millones de años de evolución de la vida, el miedo resulta ser una adaptación crítica sin la cual no se sobrevive, motivo por el cual hoy nosotros mostramos esta facilidad incrementada para reaccionar defensivamente ante lo incierto. Ahora bien, sucede que la reacción de miedo implica varios planos y sistemas de respuestas, entre los cuales se encuentra el cognoscitivo. He ahí el origen del catastrofismo.

Se trata de la expresión cognoscitiva de una tendencia evolutivamente facilitada. De este modo, pensar en los peores desenlaces posibles facilita la adaptación a un ambiente objetivamente más hostil, donde los peligros resultaban efectivamente más frecuentes que en nuestros entornos modernos; opuestamente, ser positivos y optimistas conllevaba el riesgo de no reaccionar en tiempo y forma a una amenaza que de ser real, nos dejaba fuera de la cadena evolutiva.

Claramente, todo esto ha cambiado en los entornos modernos y civilizados en los cuales nos movemos la mayoría de los humanos actuales, no obstante, las reacciones primitivas continúan en nuestro cerebro profundo, reliquias de nuestro pasado primitivo.

Ahora bien, la tesis anterior explica parcialmente el problema del catastrofismo como estilo cognitivo. Si bien es cierto que nos da una pista sólida para entender por qué reaccionamos fácilmente con temor y pensamiento catastrófico ante situaciones ambiguas y por qué ser optimistas no nos resulta intuitivo y natural, por otra parte deja abierta la cuestión acerca de por qué algunas personas parecen enquistarse en el pensamiento catastrófico que conduce al miedo, sufriendo hasta el desarrollo de desórdenes psicológicos mientras que otros aciertan a domesticar el ser primitivo que hay en nuestro interior.

En otras palabras, ¿por qué en el pensamiento catastrófico se torna frecuente, intenso y duradero en algunos, mientras que es esporádico, leve y pasajero en otros? Como suele suceder, no existe una única respuesta a este interrogante.

Por un lado, la investigación neurocientífica ha documentado que existen diferencias individuales debido a factores hereditarios. Al fin y al cabo, todos los órganos del cuerpo llevan su sello genético de fábrica, el cerebro no tiene por qué ser ninguna excepción. Si bien esto es muy interesante, excede los objetivos de este artículo.

En segundo lugar, reaccionar con miedo implica un aprendizaje. Aunque como patrón emocional la respuesta de miedo es innata, lo que sí aprendemos es ante qué reaccionar y cómo. Particularmente, las experiencias tempranas de estrés intenso predisponen a una labilidad del sistema emocional. Así, el vivir experiencias infantiles fuertemente estresantes, el vivir en un clima emocionalmente inestable durante los primeros años, deja al sistema más predispuesto a disparar, con más intensidad y frecuencia.

"LOS PRIMEROS AÑOS DEJAN UNA IMPRONTA, SI DURANTE ELLOS HEMOS ATRAVESADO EXPERIENCIAS ESTRESANTES, NOS QUEDA EL MENSAJE GENERAL DE QUE “NUESTRO ENTORNO ES PELIGROSO"
De alguna manera, los primeros años dejan una impronta, si durante ellos hemos atravesado experiencias estresantes, nos queda el mensaje general de que “nuestro entorno es peligroso, hostil y por lo tanto, debemos estar siempre preparados para defendernos”; y de ahí derivamos una facilidad para pensar catastróficamente, pues de alguna manera en los primeros años hemos comprobado que “más vale estar siempre preparado”.

Otro factor crítico en el mantenimiento del pensamiento catastrófico se relaciona con lo que hacemos cuando tales pensamientos aparecen. Vale decir, una vez que los pensamientos trágicos han aparecido en nuestra mente y nos sentimos ansiosos, ¿qué hacemos?, ¿qué nos decimos?, ¿cómo los afrontamos? Este tópico tiene especial relevancia con la clínica psicológica pues es una de las aristas a través de las cuales podemos operar para reducir el fenómeno.

En algunos casos, la persona que tiene un pensamiento catastrófico no sólo reacciona emocionalmente con ansiedad, como proceso involuntario, sino que también se dice o hace conductas orientadas a reducir esa ansiedad sin cuestionar la veracidad del pensamiento catastrófico. De alguna manera actúa bajo el influjo de que lo que piensa es cierto, simplemente porque lo piensa, como si las cogniciones tuvieran de suyo un peso propio similar al de los hechos. Esto, definitivamente, es un error.

El tener una imagen mental frecuentemente en mi consciencia no hace que el hecho descrito por esa imagen sea objetivamente más probable. Uno de los ejemplos más característicos lo encontramos en los pacientes que padecen ansiedad antes la salud; quienes ante una mínima molestia abdominal, creen que tienen un tumor maligno.

El pensar en el tumor, el imaginar el diagnóstico y tratamiento de una enfermedad como el cáncer no aumenta la probabilidad de padecerlo. Generalmente, estos pacientes, bajo el influjo de un miedo disparado irracionalmente, en ausencia completa de evidencias, acuden reiteradas veces al médico para que los tranquilice. Lo cual fácilmente logran pues no padecen más que de una simple indigestión, información de la cual ellos ya disponían pues habían pasado por esta situación muchas veces.

De este modo, las consultas innecesarias al médico se tornan en conductas de reaseguro que impiden un proceso simple de comprobación que a la larga llevaría a la extinción del miedo, esto es, que lo que se pensó, simplemente no sucede. El problema se agrava por el hecho de que si bien las ideas no son ciertas, sí pasa que la frecuencia con la cual las pensamos hace que nos parezcan subjetivamente más probables, un fenómeno conocido como probabilidad subjetiva o probabilidad heurística.

Nuestro cerebro estima subjetivamente la probabilidad de un suceso de acuerdo con dos tipos de análisis. Uno es el que sigue pautas lógicas y racionales, como por ejemplo, las que se deducen de una estadística acerca de que el avión es el medio de transporte más seguro de todos.

Sin embargo, también hay una estimación de la probabilidad basada en las veces en que hemos pensado en cierto hecho, cuanto más lo pensamos, más probable lo sentimos; independientemente del conocimiento objetivo con el cual contamos. Y es por este motivo que quienes padecen fobia a volar tienen la sensación de que el avión se estrellará, por que simplemente lo han pensado infinidad de veces. Esto también explica por qué la persona de nuestro ejemplo anterior, que padecía ansiedad ante la salud, siente que es muy probable enfermar de un cáncer; nada más ni nada menos que porque lo piensa frecuentemente.

Esto es lo que llamamos probabilidad heurística o subjetiva, un proceso que podríamos resumir diciendo que en algunas ocasiones, cuando pensamos frecuentemente algo, terminamos por no distinguir cuánto de ello es objetivamente cierto y cuánto lo hemos inventado nosotros.

"CUANTO MÁS LO PENSAMOS, MÁS PROBABLE LO SENTIMOS; INDEPENDIENTEMENTE DEL CONOCIMIENTO OBJETIVO CON EL CUAL CONTAMOS"
En algunas personas, los factores mencionados confluyen más que en otras en la misma dirección, dando por resultado que la reacción de miedo y su contra parte cognitiva, el pensamiento catastrófico, se expresan con más frecuencia, intensidad y duración. Si por una parte todos compartimos una tendencia biológica y evolutivamente  facilitada a reaccionar con ansiedad, sí existen diferencias individuales en lo que hemos heredado, en lo que aprendimos durante los años críticos de la infancia y en cómo afrontamos las cogniciones catastróficas una vez presentadas.

Particularmente, en relación con el último tópico, los procedimientos de la Terapia Cognitivo Conductual nos enseñan que debemos discutir y combatir los pensamientos catastróficos sobre la base de su evidencia, procurando no efectuar conductas de reaseguro que nos tranquilizan momentáneamente pero que a largo plazo, perpetúan el problema. Como es habitual en nuestro enfoque, procuramos derivar implicas prácticas de las hipótesis científicas validadas.

#CETECIC


miércoles, 26 de agosto de 2015

MIEDO A NO SER SUFICIENTE (CoDA Parte 1)

En la adicción al amor, estamos enganchados en estar “enamorados” y nos estancamos en esa ilusión de romance. Algunas veces tenemos varias relaciones el mismo tiempo y vivimos en una seudo-intimidad con nuestras parejas, evitando tener una verdadera relación íntima y de compromiso con nuestra pareja. Buscamos que nuestra alma gemela nos complemente. Perdidos en una fantasía romántica, seguido ignoramos las señales de alerta y elegimos parejas que no están emocionalmente disponibles. Tomamos nuestra identidad de nuestra relación con “Sra. o Sr. Perfect@” y vernos bien ante el mundo. Utilizamos el sexo para “enamorarnos” instantáneamente. Decidimos creer que estamos enamorados con nuestra pareja sexual.

• Mi adicción al amor paso por dos facetas, ambas de codependencia. Durante la primera fase, estuve con la cabeza tan loca, poniendo todo en la otra persona, poniéndolo en un pedestal como a mi poder Superior, haciendo todo para estar con ella. Nada era un sacrificio ni demasiado cara aunque esto significara una terrible deuda financiera y ser negligente con los demás incluyendo mis mascotas. Tenía que estar con ella. La segunda fase de mi adicción fue revivir el terror del abandono de mi niñez, la base de mi codependencia. Mi comportamiento se volvió extraño, casi peligroso. Hice grandes esfuerzos para retener a esa mujer en mi vida incluyendo pedirle matrimonio, a pesar de la obviamente ridícula e imposible situación. Fue un intento desesperado por tenerla.

MIEDO DE NUESTROS SENTIMIENTOS

Podemos caer en comportamientos inapropiados para evitar sentimientos dolorosos o desesperantes. En la adicción al sexo, podemos usar actos sexuales como aventuras extramatrimoniales, yendo a club de strippers, usando pornografía o masturbación en exceso en vez de experimentar nuestros sentimientos. Como adultos con una base dañada, tenemos a la intimidad, tememos a la intimidad, tememos ser abrumados o controlados por nuestra pareja. Por eso a través de actos sexuales, controlamos y manipulamos a lo demás. Vemos a los demás o a nuestra pareja como objetos o conquistas sexuales y los utilizamos como “arreglo sexual”. El concepto sano de sexualidad como un regalo y método para expresar intimidad está ausente en nuestras vidas.

Muchos de nosotros, como niños o adultos, padecimos sexual, muchas veces por alguien a quien amamos y confiamos. Por miedo, continuamos aceptando y justificando este tipo de violaciones. Creemos, tan pronto como tenemos una relación sexual con una pareja que no seremos abandonados.
Aceptando o dando abuso físico y emocional nos llena de excitación y se siente mejor que no tener una pareja. Algunos de nosotros argumentamos y creamos el drama como un precursor para tener un alto rendimiento sexual.


  • En familia disfuncional, papa fue un alcohólico. Nunca escuche a mis padres decir “Te amo” ni a mí o entre ellos.No había abrazos, afecto, ni aun cuando traía buenas calificaciones que siempre obtenía. A los siete años fui violado por un vecino. Tristemente, todavía me gusta el hecho de que, por los menos esa persona puso su atención en mí.

  • Constantemente estaba en busca de mi próxima relación. Sabía cómo enganchar a un hombre en una conversación y que el pensara que era el único en el lugar. Podía coquetear, provocar y cautivar a un hombre para que pensara en tenerme. Me volví una experta en insinuaciones sexuales, aun cuando sabía que estaba yendo en contra de lo que yo era por dentro. Hubo tiempos en que tenía sexo para “reforzar el trato”. El trato era que ahora tenía que ser mi novio…



  • Yo creaba drama y argumentos sabiendo que así el sexo sería más intenso.



  • Yo utilizaba a los demás para llenar el vacío dentro de mí. Fantaseaba sobre el acto sexual en el que quería participar con otros y mentalmente recorría una y otra vez los encuentros. Además de la fantasía y recorridos. Estos sentimientos enmascaraban mi dolor, luto, trauma y odio a mí misma



Libro, "Pelando La Cebolla"
Una mirada al Amor, Sexo y Relaciones de los Codependientes




jueves, 13 de agosto de 2015

ANSIEDAD, 5 RECOMENDACIONES PARA REDUCIRLA

La ansiedad es un círculo vicioso del que es difícil salir. El sentimiento de ansiedad es particularmente difícil de describir, no siempre se puede relacionar con un origen concreto (un examen, unos resultados médicos, etc.) y se alimenta de las propias consecuencias que genera, (como por ejemplo el aplazamiento de tareas pendientes). Por ello, es complicado hacerle frente, aunque no imposible. Estas cinco pautas para combatir la ansiedad pueden serte de ayuda a la hora de mitigar sus efectos adversos y entender algo mejor su naturaleza:

1. Aprende a ser tu propio jefe o jefa
La ansiedad es una sensación desagradable que la mayoría de nosotros queremos evitar. El problema se agrava cuando decidimos compensar el estado de ansiedad recurriendo a formas de comportamiento estereotipadas y repetitivas. Estas son conductas que suelen empezar de manera inconsciente, son en parte automáticas y pueden ser más o menos simples (estirarse o arrancarse el cabello, darse golpecitos en una pierna, etc.) o algo más complejas (hacer viajes hasta la nevera y comer algo).

Además del efecto adverso que estas conductas pueden ejercer sobre nuestro cuerpo, como la obesidad o la pérdida de cabello, dejarse llevar por ellas tiene el inconveniente de que nos hace entrar en un círculo vicioso: como están tan asociadas a los periodos de estrés, actúan como un recordatorio de que esa sensación que se quiere evitar está ahí. Por eso, para combatir la ansiedad es conveniente reconocer estos patrones estereotipados de comportamiento y ponerles freno.

2. Combatir la ansiedad es combatir el "ya lo haré mañana"
Los periodos de ansiedad pueden haber sido desencadenados por elementos del día a día que están relacionados con el trabajo, las obligaciones y la toma de decisiones. Por eso, combatir la ansiedad supone también reconocer las situaciones en las que esta sensación puede dar pie a una profecía autocumplida en la que el propio estado anímico negativo invite tirar la toalla antes de tiempo.

La ansiedad es una de las formas que puede tomar el miedo a empezar a hacer algo que puede salir mal y que, como consecuencia, es postergado una vez tras otra en un proceso llamado procrastinación. Paradógicamente, estos aplazamientos los que hacen que la ansiedad tenga razón de ser, ya que gracias a ellos la obligación que genera estrés sigue estando ahí.

3. Divide tu día a día en trozos pequeños
Seguro que te has dado cuenta de que, a partir del momento en el que inicias una tarea que te da pereza hacer, esta se va volviendo cada vez más amena y asumible. Con la ansiedad pasa algo parecido: para mantener la atención lejos de aquello que produce tensión, empezar una actividad es mucho más eficaz que pensar en iniciar esa misma actividad.

Y es que el hecho de ser consciente de que la ansiedad actúa como lastre a la hora de hacer cosas que queremos hacer es en sí mismo una fuente ansiógena. Si quieres asegurarte de que se haga lo que debe ser hecho sin que la ansiedad actúe como freno, nada como partir en secuencias cortas las tareas más complejas. Si tienes que escribir un informe, por ejemplo, la primera tarea puede ser tan simple como encender el ordenador y abrir un editor de texto. La siguiente secuencia debe partir de ahí y ser también muy breve (escribir el primer párrafo, etc.).

4. Tómate tu tiempo
La otra cara de combatir la procrastinación es asegurarnos que aprovechamos bien el tiempo que le dedicamos al descanso, ya que estar todo el día haciendo cosas para intentar distraer nuestra atención puede ser agotador. Si no conocemos la fuente de la ansiedad, este ir y venir de actividades distractoras puede actuar como recordatorio de que estamos ansiosos, y si el origen de la ansiedad está en las obligaciones pendientes, se puede generar un sentimiento de culpa. Por eso merece la pena ser metódicos con los ratos de descanso y hacer que estos permitan una mejor orientación hacia los objetivos.

Además, los ejercicios de control de la respiración que se incluyen en actividades como la meditación, el mindfulness o el tai chi resultan de gran utilidad para reducir los niveles de estrés que ponen en marcha toda la maquinaria ansiógena. Tomarse un rato para relajarse aunque el cuerpo pida lo contrario y hacer que estos ratos no se prolonguen más de lo que sea necesario para ajustar bien los niveles hormonales son dos pautas básicas para combatir la ansiedad.

5. No te empeñes en hacer que la ansiedad se vaya
Desde un punto de vista biológico, la ansiedad es el fruto de dinámicas neuroendocrinas complejas con las que nadie querría tener que lidiar sin la ayuda de los procesos subconscientes que las regulan. Por eso, conviene tener claro de que sólo se puede combatir la ansiedad de manera indirecta. Por mucho que se pretenda ignorar las sensaciones de tensión y miedo, estas no se van a ir sólo porque nuestra mente consciente se lo pida con amabilidad.

De hecho, intentar suprimir mentalmente estos procesos biológicos no es más que una forma de reconocer que ese problema está ahí. Para que la ansiedad deje de ser un problema, hay que luchar contra sus síntomas creando nuevas pautas de comportamiento. La solución no está en la privacidad de la propia mente, sino en las relaciones entre el cuerpo y el entorno.

@PyM


SÍNDROME DE ASPERGER Y SUS CARACTERÍSTICAS

El Síndrome de Asperger es un trastorno del neurodesarrollo que afecta al funcionamiento social, a la comunicación y el lenguaje, a la capacidad motora y a las actividades e intereses del individuo que lo sufre, pese a que la inteligencia es normal (e incluso por encima de la media). Su causa parece ser la disfunción de varios circuitos cerebrales, y las zonas afectadas son la amígdala, los circuitos frontoestriados y temporales, y el cerebelo, estructuras que están involucradas en el desarrollo de la relación social.

El Síndrome de Asperger afecta a entre 3 y 7 de cada 1000 niños (de 7 a 16 años) y se dan más casos en niños que en niñas. La presencia de una inteligencia media (alta) puede provocar que se infravaloren las dificultades y limitaciones que presentan los individuos que sufren este trastorno.

Poseer un CI (coeficiente intelectual) alto no es garantía de una vida satisfactoria, ya que la inteligencia emocional y social son distintas entre sí y son ambas importantes para conseguir el éxito personal, académico y profesional y es fundamental para desarrollar capacidades como la empatía, el juicio social, el sentido común o la capacidad para negociar.

Funcionamiento neurológico del Síndrome de Asperger

La forma característica de pensar y comprender el mundo que tienen las personas que sufren Síndrome de Asperger ha causado muchos debates entre los expertos. Actualmente, parece haber cierto consenso en afirmar que el funcionamiento psicológico peculiar de los individuos que sufren este trastorno se puede explicar a partir de varios modelos teóricos. Pese a que estos modelos tienen gran relevancia, hasta el momento ninguna de estas teorías ha sido capaz de explicar el síndrome de Asperger en su totalidad.

Déficit en la “Teoría de la Mente”
La teoría de la mente hace referencia a la capacidad de inferir en los estados mentales de otras personas: en sus pensamientos, deseos, creencias, etcétera, y usar la información que se recibe para predecir su comportamiento y buscar un sentido a su conducta. Es decir, que la teoría de la mente se refiere a la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Los estudios llevados a cabo en este campo indican que las personas con Síndrome de Asperger no consiguen formular una explicación al pensamiento o la conducta de los demás. El déficit de la teoría de la mente provoca la imposibilidad de explicar y comprender tanto las conductas propias como las ajenas y, por tanto, no solamente resulta imposible predecir lo que harán los demás y sus intenciones, sino que afecta a la mayoría de las actividades cotidianas que influyen en el desarrollo personal y el bienestar de los individuos que padecen esta patología.

Déficit de la función ejecutiva
La función ejecutiva es la capacidad de mantener activo un conjunto apropiado de estrategias de resolución de problemas con la finalidad de alcanzar una meta futura. Por tanto, se asocia a la intencionalidad, el propósito y la toma de decisiones complejas (por ejemplo, control de impulsos, inhibición de respuestas inadecuadas, etc.).

Esto parece ser causa del mal funcionamiento del lóbulo frontal. Las personas con Síndrome de Asperger tienen un déficit de las funciones ejecutivas, pues su comportamiento y pensamiento es rígido, repetitivo y perseverante. Ejemplos de este déficit pueden ser: imposibilidad de hacer planes, dificultades de organización, etc.

Señales para detectar el Síndrome de Asperger

Existen muchas conductas que pueden indicar la presencia del Síndrome de Asperger, a continuación se muestran 10 señales características de este trastorno:


  • Dificultades para la interacción social y relaciones sociales limitadas
  • Falta de empatía con las demás personas
  • Dificultad para entender y comprender el mundo que les rodea y las emociones de los demás
  • Pueden reaccionar molestos ante determinados estímulos externos: ruidos, imagines, luz...
  • Pueden mostrar retraso motor y torpeza en sus movimientos
  • Intereses y actividades restringidas, rígidas, sistemáticas y repetitivas
  • Conductas excéntricas o poco habituales
  • No suelen mirar a los ojos cuando te habla
  • Hablan mucho, en un tono alto y peculiar, y usan un lenguaje pedante, extremadamente formal y con un extenso vocabulario
  • Inventan palabras o expresiones idiosincrásicas
  • En ocasiones parecen estar ausentes, absortos en sus pensamientos
@PyS


TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO (TOC)

No se sabe todavía la causa del Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), aunque sí se sabe que no surge como respuesta a un supuesto conflicto intrapsíquico ni tampoco por un conflicto sexual reprimido, como decían las teorías psicoanalíticas antiguas. La eficacia de los antidepresivos inhibidores de la recaptación de la serotonina en el tratamiento del TOC hace pensar que el origen puede deberse a una alteración de la serotonina. Se cree que este neurotransmisor ayuda a regular la disposición de ánimo, la agresión y la impulsividad.

DiagnósticoEl TOC en niños comienza entre los 7 a 10 años y tiene una prevalencia de entre 0,3 al 1,9 por ciento en niños y adolescentes. Un 33 por ciento de los adultos con TOC dicen que sus síntomas empezaron en la infancia. Frecuentemente el niño se avergüenza de sus compulsiones porque no son lógicas, pero no las puede evitar, por miedo a que algo mucho peor suceda. A veces los síntomas afectan mucho al niño en el colegio. Otras veces sólo están presentes en casa, y los padres puede creer que el niño los hace para fastidiarles.

El TOC es más frecuente de lo que se creía hace años. Se calcula que aproximadamente el 2 por ciento de la población lo padece. Esta cifra incluye la estimación de pacientes que encubren su enfermedad y que todavía no han sido diagnosticados.

Tratamientos

Farmacoterapia: La medicación es útil en el control de los síntomas del TOC pero a menudo, si se deja el fármaco, sobreviene una recaída. La mayoría de las personas necesitará medicarse indefinidamente.El primer tratamiento específicamente aprobado para su uso en el TOC fue el antidepresivo tricíclico clomipramina (Anafranil). Los psicofármacos de segunda generación, que son utilizados hoy en día, se llaman inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS).

Estudios extensos han demostrado que estos inhibidores favorecen, al menos ligeramente, a casi el 80 por ciento de los pacientes. Y en más de la mitad de los casos, la medicación alivia los síntomas del TOC al disminuir la frecuencia e intensidad de las obsesiones y compulsiones. La mejoría por lo general no se alcanza hasta las dos o más semanas de tratamiento.

Terapia de Exposición y Prevención de Respuesta (EPR): La psicoterapia tradicional y el psicoanálisis, dirigidos a ayudar al paciente a percibir su problema, no es útil para el TOC. Sin embargo, un método específico psicológico, denominado EPR, es eficaz en muchas personas, especialmente en las que presentan rituales conductistas. Mediante este método el paciente se enfrenta, deliberada o voluntariamente, al objeto o idea temida, ya sea directamente o con la imaginación. Al mismo tiempo, el paciente es alentado a evitar sus rituales con apoyo y medios provistos por el terapeuta, y posiblemente por otros que el paciente reclute para asistirle.

Los estudios realizados y la práctica diaria demuestran que la EPR es una terapia muy exitosa para la mayoría de los pacientes que la completan y los efectos positivos perduran una vez finalizado el tratamiento.


@Tonalammoglia