Actualmente, hay países donde hasta un tercio de los estudiantes secundarios no viven con ambos progenitores, aunque en otros esta cifra pueda ser mucho menor. De todas maneras, es una situación que ha dejado de ser excepcional.
Sin embargo, las familias donde falta uno de los progenitores, como aquellas en que uno de ellos se ha vuelto a casar tienen, de hecho, problemas especiales que no se suelen plantear en otros hogares.
Las Familias donde falta uno de los progenitores: los padres divorciados
Los padres divorciados pueden tener varias reacciones poco saludables ante la ruptura del matrimonio:
- Sentirse culpables
- Llorar en el hombro de sus hijos
- Amenazar con enviar a los hijos a vivir con el progenitor ausente, es decir, la táctica de "O te portas bien o te vas a vivir con tu papá"
- Disculpar el comportamiento del ex cónyuge
- Echar a los hijos la culpa del divorcio
LA CULPA
Por desgracia, la culpa sigue siendo un gran problema. Uno de los progenitores – o ambos- se siente culpable del supuesto daño que se les ha hecho a los hijos. Los padres divorciados no deben sentirse culpables, una que esta es la mejor manera que hay en el mundo de convertir una separación o un divorcio en algo malo para los hijos. He aquí algunas de las consecuencias de sentirse culpable.
"Alguna compensación tengo que darles"
Una mujer ha conseguido finalmente divorciarse de un marido brutal, pero se siente culpable de haber sometido a sus hijos, durante tantos años, a esa brutalidad, y ahora intenta compensarles todo el dolor que padecieron. Les compra lo que no puede permitirse y les tolera cualquier cosa con la esperanza de hacerse perdonar haberles dejado pasar una niñez tan terrible.
Los padres que se encuentren en esta situación deben recordar lo siguiente:
- Una madre no es responsable lo que hizo o dejo de hacer el padre. De eso sólo el padre puede ser responsable (O madre)
- No hay manera de recuperar lo que se ha perdido sea tiempo, afecto, o lo que sea. Lo único que puede hacer es ser buen padre hoy, y ya bastante difícil es eso en sí, sin el intento de compensar injusticias pasadas, reales o supuestas.
- El intento de componer las cosas mediante una compensación mal entendida conduce casi siempre a una forma inadecuada de desempeñar el rol de padre. Los adolescentes son capaces de percibir la culpa y lamentablemente muchos de ellos se valen de ella para conseguir lo que quieren. Si los regalos extravagantes y muy costosos ya eran inadecuados antes del divorcio, después siguen siéndolo. Si llegar a las dos de la mañana eran incapaces antes del divorcio, también lo es después.
He aquí otro ejemplo de compensación inadecuada. Los hijos están con la madre, pero ella se siente responsable de la ruptura. No puede vivir con el padre de sus hijos, pero lo considera buen padre y se siente culpable de haberle prácticamente "quitado los hijos". También ella se esfuerza por ser más que buena con los chicos, de modo que ellos no se privan de cargarla aún más de culpa:
- No te imaginas cuánto echo de menos a papá.
- Me sentiría mucho mejor si pudiera ver a papá con más frecuencia.
Si se las toma por lo que son, esas expresiones legítimas de sentimientos debería de tener respuestas como:
- Claro que es doloroso no poder ver a un ser querido con tanta frecuencia como quisiéramos.
- Lamento que estés triste.
Pero tomar este tipo de expresiones como la señal para sentirse culpable es destructivo. Es normal que los hijos echen de menos a su padre y no es bueno que la madre sienta culpa porque, como lo demuestra el primer ejemplo, la culpa puede con frecuencia, conducir a maneras inadecuadas de desempeñar el rol de padres.
"Es todo culpa mía"
El padre tiene a los hijos durante el fin de semana.
Él se siente culpable de la ruptura y los chicos lo saben. Entonces, hacen algo muy frecuente en estos casos: se confabulan para planificar la reconciliación de sus padres y dicen cosas como las siguientes:
"Papá, ¿Por qué no te disculpas y vuelves a casa?"
"De verdad que mamá te echa mucho de menos".
"En casa ya no es lo mismo sin ti".
"Desde que te fuiste, no me va bien en la escuela".
Claro que para los hijos es difícil aceptar la separación de los padres. A los padres les resulta también muy doloroso. Eso es de esperar, pero no tiene por qué ser devastador. Es parte de la vida y la vida puede ser dura en ocasiones.
No hay manera de proteger a los hijos de todo sufrimiento
Siempre es duro ver sufrir a nuestros hijos, y más todavía cuando nos sentimos responsables del dolor.
Pero ésa no es razón para sentirse culpable. A los hijos podéis amarlos, consolarlos y jugar con ellos, pero no podéis enarbolar una varita mágica que les evite el dolor. Lo único que podéis es ser buenos padres hoy y nadie puede pediros más.
La culpa es un sentimiento malo para nosotros, ustedes y malo para nuestros hijos. Si en un tiempo razonable no puedes liberarte de ella, busca una terapia que te ayude a superar este periodo difícil.
Del libro CÓMO VIVIR CON UN ADOLESCENTE
Marlene Brusko, editorial Grijalbo.

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