lunes, 6 de julio de 2015

REACCIONES ANTE LA INFIDELIDAD

Como cada mañana conectó el ordenador. En la pantalla apareció inesperadamente la cuenta de correo de su marido. “Recuerdo cada beso”. Esta frase, colocada como asunto de un e-mail, le saltó encima. Le invadió una sensación nueva de dolor al leer este y otros muchos mensajes entre él y una desconocida. Estos e-mails la colocaron en un planeta que giraba diferente. Un detalle temporal fue lo que más enveneno a su cabeza. La historia parecía haber empezado cuando su hijo tenía seis meses.

La fidelidad es un invento de la evolución humana. Apareció con el mismo objetivo que todas nuestras conductas: asegurar la continuidad de los genes. Los humanos nacemos muy indefensos, vivimos una infancia prolongada pues necesitamos mucho tiempo para poder desenvolvernos por nosotros mismos, así que la hembra cavernícola necesitaba a un macho a su lado para proteger a sus crías. Y surgió la fidelidad.
Desde un punto de vista biológico, la fidelidad está prácticamente asegurada cuando estás enamorado. En esta etapa no tiene mérito ser fiel. Es lo que pide el cuerpo, cuando el enganche hormonal se termina, incluso si queremos profundamente a esa persona, necesitamos de los valores, la programación social y la voluntad para continuar fieles. No se puede continuar "enamorado" por mucho tiempo, biológicamente es imposible y psicológicamente traería trastornos severos de suceder esto.
Sí las paredes de los consultorios psicológicos hablaran, seguro que podrían explicar muchas cosas sobre la infidelidad. No sólo contarían sobre el sufrimiento del sujeto engañado, sino también del dolor del infiel y de la tercera persona.

Al descubrir una infidelidad las relaciones son muy distintas. Incluso hay quien se alegra (puede constituir una buena excusa para romper la relación sin remordimiento), por ejemplo, A pesar de la disparidad, existen similitudes emocionales entre algunos engañados: Pérdida de inocencia. “Mi pareja nunca me engañara “¿Cuántas personas se han tenido que tragar estas palabras? Y ¿Cuántas se mantienen convencidas mientras la realidad se ríe de ellas? Existe un fenómeno psicológico que lo explica “el optimismo no realista” se produce cuando estímanos que la probabilidad de ser víctima de un suceso desagradable es menor que la otras personas. Cuando la realidad es que cualquiera puede vivir una infidelidad, empezando por nosotros mismos, como posibles infieles en algun momento de la vida.

Tenemos tendencias a sentirnos invulnerables. Y en el tema de la pareja, también, por eso, cuando uno se entera del engaño, el golpe es tan duramente inesperado, se da cuenta de que ese amor no era tan especial, que es común de los mortales. Se mira a la pareja y no se le reconoce. No sabemos a quién tenemos delante. Ni siquiera se está seguro de la historia que se ha vivido. Se mira hacia atrás y todo se revalúa “Me invito a esa cena porque sentía culpa” me engañaba cuando decía que yo era el amor de su vida” "Me mintió cuando decía amarme"

… Todo se interpreta de otra forma, más real, sin edulcorantes. (de manera madura y adulta)

El sufrimiento da buenas lecciones a quienes sabe atenderlas. En este caso una de ellas es darse cuenta de que el ego tiene que aterrizar desde las alturas. Percatarse de la necesidad de eliminar el pensamiento “esto nunca me va a pasar a mí”. Sí se consigue bajar el ego de allá arriba sin lastimarse demasiado, nos volvemos humildes; más sabios. Y esto ayudara afrontar no sólo la infidelidad, si no también futuros golpes, tanto del mundo de la pareja como de otros ámbitos.


Interpretaciones simplistas

Los humanos necesitamos entenderlo todo. Y la increíble complejidad emocional que implica una infidelidad también..... sé quiere meter en una cuadricula, se quiere tener una historia y unas razones claras como blanco o negro, bueno o malo. Y eso no solo es absurdo por imposible, sino porque encima hace sufrir, “La primera pregunta es ¿por qué? ¿por sexo?, ¿por diversión? ¿Por amor? ¿Por oxigeno…? es normal plantearse esta cuestión, pero hay que saber que a veces ni el propio infiel sabe porque lo ha hecho. Queremos encontrar la lógica en el mundo emocional y ahí no la hay. Menos aún si el infiel no quiere o no puede decirlo por el peso emocional, culpa o descalificativos socialmente adjudicados a dichas acciones.

Una de las explicaciones simplonas que se da a la infidelidad es la falta de amor. Sin embargo, no hay ninguna investigación que muestre qué esta premisa sea siempre cierta. Tal como cuenta el psicólogo Martín Camacho en su libro sobre la infidelidad. Todas estas opciones son posibles: parejas que se quieren y no se engañan; parejas que no se quieren y se engañan, y parejas que no se quieren y no se engañan. El amor y la fidelidad no siempre van de la mano así que debemos valorar y sobrepasar la importancia que se le da a los dos aspectos por separado.


Culpa

la simplicidad mental lleva también buscar un único responsable. La culpa la otorga la estrechez de nuestras miras. A veces se acusa al infiel; otras a la tercera persona, y otras, a uno mismo. Incluso la culpa se coloca en características concretas: “se ha ido con otro/ aporque estoy gordo/ a “explicaciones limitadas que además actúan como una cuchilla afilada sobre la autoestima.

La infidelidad no duele sólo por el engaño, oscurece porque levanta una tapa que deja salir todos los complejos personales a flote. El peso, las habilidades sexuales, la capacidad de amar, la inteligencia… con los complejos destapados, muchas personas engañadas huyen hacia delante. Rápidamente buscan a otra persona o perdonan a quien les ha engañado al instante sienten prisa para volver a tapar la caja de los complejos, no los quiero ver, sentir ni afrontar. Desaprovechan la ocasión para mirar a nuevos complejos a la cara y trabajarlos, es perder una gran oportunidad de aprendizaje.

La revancha dentro de una relación que ha vivido el engaño es la venganza. Pagar con la misma moneda. No son pocos los engañados que se lanzan a buscar una amante para desquitarse. Cuando las emociones se remueven tanto, las premisas que se esconden detrás emergen y pueden llevar a sitios interesantes. El problema quizá ha sido cómo se ha vivido, cómo se ha entendido la pareja: como una inversión de futuro. Hemos dado para obtener algo a cambio. Dos errores: invertir y esperar. Los sabios dicen que el futuro de las acciones está en sí misma, sí se ama esperando algo, ya se está equivocado.

En el fondo la estafa se siente no tanto porque la pareja se ha ido con otra persona y nosotros no, si no porque él/ella ha sido feliz mientras la otra parte ha invertido en la relación” la mayor venganza no es ir a buscar un sustituto, sino ser felices.


Paranoias y espionaje

Al darse cuenta de que la persona que se tiene adelante es capaz de mentir, se enfoca la realidad de forma distinta. Muchos detalles nimiedades, se convierten en imanes que atraen la atención. Se puede vivir una paranoia y lo peor es mirar hacia delante y ver un panorama de desconfianza perpetua. Controlar se puede convertir en una obsesión. La pareja promete que nunca más va a ser infiel, pero no basta. La realidad es, que en el futuro nadie lo sabe. La vigilancia eterna es una opción que nos convertirá en desgraciados. La única salida es la confianza… ¿en la otra persona? NO...!!!. en nosotros mismos, confiar en que sí en el futuro vuelve a engañar, sabremos manejarlo, afrontarlo y en su caso, terminarlo. Así que en el lugar de invertir en estrategias de vigilancia, la mejor salida es hacerlo en uno mismo, en las fortalezas de cada uno. Sí la desconfianza se ha vuelto insufrible, siempre queda la opción de romper. Lo esencial es que la fidelidad ayude a crecer ya sea juntos o por separado.


Oasis

Algunas parejas dicen que el mejor sexo lo han disfrutado después de enterarse de la infidelidad. Notan como un rebote del enamoramiento. La culpa del infiel, mezclado con el miedo a que se rompa la relación con sesiones de charla profunda sobre la pareja… forma un coctel emocional y afrodisíaco. En los casos que existe este acercamiento sincero, la relación, lejos de romperse, se fortalece, siempre y cuando esta nueva a proximidad se rige para que no quede en un mero espejismo.

Sí, existe una opción positiva dentro de la infidelidad, siempre y cuando sirva para reconstruir la relación de pareja, con una visión realista de la condición humana, cuando me sirve para crecer como engañado desde mi esfera personal y emocional, cuando me sirve saberme falible y centrar las energías positivas de mi condición en lo que verdaderamente deseo, que sería mi pareja. Si ambos están en ese canal, en efecto la infidelidad se puede sobrepasar. Valorar al otro como es, de ambos lados de la pareja.

El "perdón" es el único final feliz de una infidelidad. Perdonar no significa forzosamente reconciliarse. Se puede perdonar y seguir; perdonar y romper, disculpar significa hacerse un regalo a uno mismo. Quitarse del resentimiento no superado convierte la infidelidad en un dolor crónico. Perdonar significa pasar la página no es algo que se pueda hacer instantáneamente. El dolor inicial no lo quita nadie. Para superar el resentimiento, para pasar la página, se debe subir un escalón, hay que mirar la situación desde un escalón más arriba. Abrir la visión y la mente, comprender la naturaleza humana y sobre todo asumirla.

La vida es así, compleja, emocional, inesperada.

Por Jenny Moix
El País Semanal
No. 1988
Domingo 2 de noviembre 2014.


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