viernes, 31 de agosto de 2012

Amarse con los ojos abiertos (Parte 5)


La primera afirmación de la propuesta es que los problemas de pareja son problemas personales que se expresan en la relación.
Y estos problemas sólo emergen en el vínculo amoroso, dado que estando con otro salen a la luz aspectos de uno que estaban en la sombra. 


El tema básico está plasmado en la frase de Hugh Pratter:
"Una piedra nunca te irrita a menos que esté en tu camino".
Nos enganchamos con el famoso tema de la proyección.
"Proyecto en el otro las partes de mi que más rechazo".

"Cuando me doy cuenta de cómo me molesta esto en el otro, investigo cómo me molesta en mí mismo".
"Si pienso que yo no tengo nada de eso que me molesta del otro, el trabajo es darme cuenta de qué pongo yo de lo que tengo; porque si no pusiera de lo mío no me molestaría". Esto es básico en Gestalt y es lo que dice Jung con el tema de la sombra. Proyecto mi sombra en mi compañero y al verla en él, la descubro. A partir de allí tengo dos posibilidades: Intentar destruir la temida amenaza destruyéndolo a él o aceptar la oportunidad de integrarme con mi sombra y terminar para siempre con su amenaza. Sin duda esto cambia sustancialmente la óptica y la comprensión de los problemas de pareja. Dejo de culpar al otro por lo que hace y empiezo a ver qué estoy poniendo yo en este particular conflicto. En vez de utilizar mi energía para cambiar al otro o cambiarlo por otro, la utilizo para observarme. Y a partir de allí hablar de mí, de lo que yo necesito, de lo que a mí me pasa con las actitudes que él tiene. Esto es mucho más fácil de escuchar para otro.

La llave es estar siempre conectada/o con lo que me está pasando y no hablar del otro. En todo caso, si no me agrada lo que sucede ¿qué otra cosa podría hacer yo para generar algo que me guste más? Puedo quedarme llorando y quejándome, puedo buscar otro marido, o puedo ver cómo estar lo mejor posible con el que quiero y estoy.

Puedo usar el conflicto para encontrarle una salida creativa, para ver qué puedo desarrollar de mí misma, con qué puntos ciegos me estoy enganchando. Este es mi camino y el que transmito.

Esto es lo que me gusta de la vida, ir descubriendo sobre mí y sobre los otros; un desafío, no esperar que no haya conflictos, sino verlos como una oportunidad para desarrollarme. Y si es cierto que una de las dificultades es lo proyectado, la otra es la dificultad para darnos cuenta de lo que verdaderamente necesitamos. Por supuesto que cuando no obtenemos lo que creemos necesitar, nos resulta más fácil reaccionar que procurarnos aquello que nos falta, aunque muchas veces estemos pidiendo cosas equivocadas.

“Las parejas se separan por lo mismo que se juntan”.

Las parejas se separan por lo mismo que se juntan, sí.
Muchas parejas reflexionan: ¿Por qué me enamoré de él si somos tan diferentes? Quizás con otro que tuviera gustos parecidos a los míos me llevaría mejor...”

Sucede que justamente lo que nos atrae es la diferencia. Al comienzo me fascina que él tenga eso que para mí es tan difícil tener. Me completo con mi pareja porque justamente ella puede hacer cosas que yo no puedo y viceversa. En la etapa de enamoramiento no sólo acepto esas características en él, sino que también las acepto en mí misma. Por ejemplo, si soy una persona muy activa, con tendencia a la acción, me fascino con su tranquilidad, su capacidad receptiva, su introspección. La otra persona, a su vez, se fascina con mi capacidad para estar en el mundo, para ir hacia adelante, etc.

Pero el problema viene después. Porque es cierto que al principio me agrada la diferencia, pero cuando el enamoramiento decae como proceso natural de las relaciones de pareja (evolución de la pareja), comienzo a pelearme con mi pareja por estas mismas características que me acercaron. Si yo he desarrollado especialmente el lado activo, probablemente tenga una pelea con el lado pasivo. Al dramatizar con él esta pelea, yo me pongo en el bando del pasivo y él es mi enemigo en el bando de los activos, es decir, traslado a la relación una vieja pelea interna. Al enamorarme de la otra persona porque se permite ser tan relajada y quieta, de algún modo yo me reconcilio con este aspecto negado; pero si no lo desarrollo en mí, voy a terminar peleándome con mi compañero del mismo modo en que antes me peleaba con ese aspecto negado.

Ante esta circunstancia, la clave es desarrollar los aspectos nada o poco evolucionados que vemos en el otro. Así, nuestro compañero se convierte en nuestro maestro o en nuestro enemigo. Esta es la elección.
Nuestra propuesta consiste en desarrollar estos aspectos negados o en pugna, para así integrarnos con nosotros mismos, hacernos personas más enteras, parando la pelea interna y externa.

Un ejemplo adecuado sería: "me fascina tu capacidad para decir las cosas, tu manejo de las palabras y de las relaciones. Yo soy una persona antipática que siempre se pelea con las formas." estar a lado de ti es una oportunidad para reconciliarme con esta parte mía y te convertirte en mi maestro en ese aspecto. Por el contrario, lo neurótico sería enojarme negarlo, criticarlo y devaluarlo.

El acento está en desarrollar lo que niego, o las partes con las cuales estoy en pelea, sabiendo que si no lo hago voy a terminar separándome por la misma causa por la que me uní. Este es el desafío de la pareja.
En este sentido, la relación me sirve para integrarme, porque si no me integro voy a pelearme y hasta separarme de la persona que más amo pero que me recuerda todo el tiempo una pelea interna que no he podido enfrentar o no he querido atender.

Por eso a veces es tan difícil estar con otro. Porque cuando estoy solo puedo imaginarme que soy de lo mejor; pero en el contacto íntimo sale lo mejor y también lo peor de mí: mi competencia, mis celos, mi lucha por el poder, mis ganas de controlarte, de manipularte, mi falta de generosidad, etc...

Es duro ver esto en uno; es un desafío aceptarlo y ver qué hacer. La salida más fácil es pensar que es el otro el competitivo, el egoísta, el duro...

El momento de dejar las ilusiones es decisivo para la vida de una persona, cuando decimos: vamos a disfrutar lo que se da, dejemos de llorar por lo imposible.

Es doloroso dejar de lado la pareja ideal, la pasión permanente, pero es la única manera de sostener un vínculo sano. Todos amamos nuestras ilusiones, no es fácil dejarlas.

Y sin embargo al final, sea como fuere, la realidad siempre se impone y si nosotros no alejamos las ilusiones, la realidad lo hará por nosotros, y es cuando deberemos de enfrentarnos a lo que con tanto temor evadíamos.

“Una rosa es una rosa que es una rosa que es una rosa..."
-Fritz PerIs-

La realidad ES y frente a ella las ilusiones se disipan.

No sólo no hay parejas sin conflictos, sino que son los conflictos lo que hacen atractivo estar con otro, y más que los conflictos, las diferencias (que son justamente las que generan el conflicto).

Enseñarnos a observar a fondo la situación que no es únicamente una cuestión de sentimientos, es mucho más que eso. Parece increíble pero es cada vez más frecuente ver el miedo a la entrega en las parejas. Cómo reaccionamos para no encontrarnos, cómo armamos líos y/o creamos distancia. Cómo nos confundimos y confundimos a los demás.

Cuando deseamos y en el otro está el deseo, es muy hermoso. Pero cuando no es así, el dolor nos parece más insoportable que cualquier otro sufrimiento.

Por eso frenamos a veces la tentación de ser espontáneos, atractivos para la pareja, entregados, amorosos, etc todo porque buscamos vidas seguras encerradas en nuestra vieja personalidad calentita y estructurada, nos quedamos inmoviles para evitar un nuevo sufrimiento, tratamos de convencernos por anticipado que la relación será destructiva, poco productiva o dejará de ser satisfactoria, todo esto para preparanos mentalmente a que vendrá una decepción o aburrición tan dolorosa e inevitable, como lo ha sido antes y para aminorar o evadir ese dolor que tenemos dentro de nuestro ser e historia de vida, comenzamos a desvincularnos de la pareja amada, antes de que ella "en teoría" nos abandone por nuestra suposición de que así será. por lo tanto, a eso que tanto tememos que nos pase, nos hace actuar de manera fría e indiferente que provoca no solo el desconcierto de la pareja sino el de nosotros mismos y terminamos alejándonos emocional y posteriormente físicamente, convencidos de que ya no había más que hacer ahí. y como en los primeros artículos, comenzamos a desear que en otra pareja, encontraremos esa felicidad, ese amor y esa protección que alguna vez obtuvimos con la pareja actual y que ahora irremediablemente ya no está. Lo damos por sentado pero no necesariamente es porque la pareja no nos lo dé o no pueda dárnoslo, sino porque nosotros no lo tenemos desde el principio y es una costumbre tan arraigada que nos da miedo enfrentarla y mejor buscamos a otra persona que nos de ese momento de felicidad..... con lo cual la historia se repite y se repite y se repite, vinculándose y desvinculándose por decisión propia y por la creencia de que no será lo mismo que en un principio.

Esto se vincula con aquello que hablábamos de la supuesta identidad...

Y esta es la paradoja del vínculo amoroso:
Todo el tiempo somos otro, y el otro... el otro también es otro.
La propuesta es aceptar esto y ver qué día se da el encuentro y qué día no, aceptar estas idas y vueltas de la relación como algo que es así, sin esperar otra cosa. No exigirnos sentir siempre lo mismo. Admitir con gusto el movimiento de las emociones y, por supuesto, aceptar que el otro también tenga esta conducta. Permitirse vivir lo misterioso de las relaciones.

Tenemos que estar listos para corrernos de nuestra personalidad, para dejar que pierda fuerza, para agradecerle que nos haya ayudado a sobrevivir hasta ahora, pero aceptar que ya no nos sirve. Estamos acostumbrados a vivir encerrados dentro de ella; no sabemos cómo es dejarnos ser sin el freno de nuestra identidad. Nos da miedo y es muy difícil meternos en los lugares oscuros de nuestro ser y abandonar nuestra vieja y conocida identidad. El hecho de dar y recibir amor se convierte en una tarea muy ardua si no estoy decidido a dejar mi vieja estructura. No es que podamos tomar la decisión de dejar nuestra vieja identidad y conectarnos inmediatamente con nuestro ser. Si fuera tan fácil todo el mundo lo haría, porque todos buscamos amor. De distintas maneras, todos buscamos querer y ser queridos, aceptados, considerados, etc.

En nuestra cultura se confunden las cosas.
No se acepta que pueda querer mucho a mi pareja y a la vez que pueda disfrutar con otras personas.
Partimos siempre de la falsa idea de que la persona adecuada puede y debe darme todo lo que necesito, esto ha creado tantos conflictos y ha destruido tantas relaciones consideradas buenas y saludables con mucho potencial, precisamente por estas ideas enclavadas culturalmente y fomentadas por nuestro miedo al cambio, a lo desconocido, conectarnos con nuestras emociones y reconocer frente a mi y a mi pareja, todos mis miedos e incertidumbre, nos permite llevar una relación más cercana, una vida de pareja más productiva y duradera, pero sobre todo.... con mucha calidad.

Allí comienza el amor, con la sorpresa, con el descubrimiento, mientras que si trato de encajar al otro en mis viejas ideas, no pasa nada. Abrirse al amor es abrirse a lo nuevo... Amar es abrirse a lo real.

Porque si espero la fanfarria con las banderolas blancas y los estandartes dorados y llega con paso firme la caravana embanderada en verde y sin estandartes, corro el peligro de no reconocerla, de no darme cuenta de que el desfile viene hacia mí, de dejarlo pasar sin festejo, de vivir llorando porque no fue cuando, en realidad, no supe distinguir que era.

El enamoramiento es un encuentro entre dos seres siendo.
Venimos representando roles, funcionando como robots programados, y de repente el milagro ocurre... Nos sacamos nuestros disfraces y regalamos nuestra presencia a aquel del que nos enamoramos. Sabemos que esto no dura mucho, antes o después aparecen los obstáculos, las tendencias, los hábitos, las defensas.

Sería bueno aprender que el único camino para superar estos obstáculos es estar allí con ellos en vez de negarlas o proyectarlas en nuestro compañero.

El problema se presenta cuando nos identificamos con nuestra coraza y nos sentimos seguros allí. Nos protegemos de nuestros sentimientos displacenteros aprendiendo a no sentir, a desconectamos de nuestras necesidades, y las defensas se convierten en una identidad que nos separa de lo que sentimos y nos impide el amor.

En la pareja podemos observar cómo y cuándo nos abrimos y cómo y cuándo nos cerramos con el otro, y al conocer más sobre la desconexión podremos crear un canal para abrirnos.

Las parejas proyectan en el otro el lado que se cierra y transportan aquella pelea interna a una pelea externa. Y entonces pensamos que es el otro el que se cierra, el que no nos deja entrar, el rígido. Si transitamos este camino juntos y con amor podremos, en lugar de reaccionar frente a la reacción del otro, mostrar qué nos pasa cuando el otro se aleja, cuando se cierra. Escuchar de mi compañero qué actitudes mías lo hieren y lo ayudan a alejarse de mí.

Los problemas de pareja comienzan cuando dejamos de estar presentes para nosotros mismos y para el otro; cuando volvemos a escondernos detrás de roles fijos, de pantallas; cuando comenzamos a sentir el dolor del alejamiento del otro, que muchas veces es una proyección de cómo nos alejamos nosotros para evitar el dolor que nos causará encontrarnos sufriendo por un conflicto que no hemos resuelto.

Al estar con la pareja adecuada, viviendo y compartiendo muchas felicidades y tristezas, puedo permitir compartir estos duelos no resueltos y que, mi pareja, puede servir como vehículo o impulso para trabajar con mis temores y mis inseguridades, QUE MEJOR QUE CON LA PAREJA QUE HEMOS AMADO, Cada vez creo menos que la cuestión sea resolver los problemas concretos por los que dicen sufrir las Parejas. Si nos metemos más profundamente en cada pelea, siempre llegamos a este punto de la falta de contacto, la falta de apertura.

Si yo puedo abrirme y mostrar mi dolor frente a cualquier problema y mi compañero hace lo mismo, quizás los problemas se vayan acomodando solos en otro plano de conflicto; porque lo más importante será que estamos juntos mostrándonos en contacto, abriéndonos a lo que pasa. Y eso es muy reconfortante.
Abrirnos y confiar en que el otro nos recibe tal cual somos, es una actitud que viene y nos lleva al amor.
No tengo que disfrazarme de fuerte para que me quieras. Si lo hago nunca sabré si serás capaz de quererme como verdaderamente soy: vulnerable, débil o lo que sea.

Te ato entonces a la imagen de aquellos que durante mi educación me ayudaron a pensar que yo debía ser así o asá para ser querido.

No es fácil llegar al punto de animarme a mostrarme; nos da miedo que nos vean vulnerables, por ejemplo. Pero si soy vulnerable (y por supuesto que lo soy) necesito que aceptemos (tu y yo) mi vulnerabilidad para estar presentes y entregarnos. Es difícil en la pareja porque los dos jugamos este juego; y si me abro y el otro se cierra, el dolor es muy grande....


Enfrentarlos nos hace más fuertes
(Psicóloga Emocional)


1 comentario:

  1. No cabe duda que todo en esta vida depende de cada uno, incluso nuestra alegría en pareja, podemos hacer el esfuerzo gratificante de ser feliz con la persona que amamos, pero cuando no sabemos valorarlo, perdemos buenas oportunidades por no hacer nada, PD. a mi me paso con un novio que tuve.

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